La nueva síntesis de Manovich: las cuatro grandes fuentes para la construcción del conocimiento en la actual era digital
Vivimos en un momento singular de la historia: la información está, literalmente, a la palma de la mano. El teórico hizo un repaso sobre cómo construimos nuestra Sociedad Red.
Por Carlos Rodríguez Urra, fundador de ValparaData y profesor asociado de la Escuela de Periodismo de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso
Nunca antes habíamos tenido un acceso, producción, distribución y almacenamiento de documentos, imágenes, opiniones, registros y sistemas de consulta tan masivos y con disponibilidad inmediata como en la actualidad. Si este “oráculo” del conocimiento que se aloja en Internet es una auténtica brújula en los vastos océanos digitales, la verdad es que esta abundancia de elementos plantea, de todos modos, inquietudes.
“¿Literalmente… ‘:mucho texto:’ y ‘mucha imagen’?”
La abundancia de la información plantea una paradoja que pocos queremos asumir: cuanto más acceso tenemos a la información, más difícil se vuelve organizarla, jerarquizarla y convertirla en conocimiento significativo: queramos o no, la sobreabundancia informativa no es un accidente, aunque tampoco un elemento azaroso.
Es el resultado de un ecosistema técnico que produce, replica y distribuye contenidos a escala planetaria y sin un control aparente: esa falta de control puede ser visto de una forma positiva como alero de la libertad de expresión y del conocimiento, pero también tiene su lado desproporcional en lo ético como es la desinformación. De ahí que las fuerzas intentan equilibrarlo todo, en base al fact-checking y otras iniciativas.
Dispositivos móviles, plataformas digitales, motores de búsqueda, redes, archivos colaborativos, y ahora aun más con sistemas de inteligencia artificial en pleno perfeccionamiento, participan hoy en una circulación global prácticamente irrefrenable. En este contexto, lo que ocurre en un punto del mundo puede repercutir de inmediato en otros rincones, confirmando que la vieja intuición de Marshall McLuhan sobre la “aldea global” sigue plenamente vigente. McLuhan entendía los medios como “extensiones” del ser humano y desarrolló esa idea en Understanding Media: The Extensions of Man, publicado originalmente en 1964.
Han pasado décadas, y pareciera ser que es ahora la IA es esa extensión, y ya no sólo ello sino que un auténtico“espejo” que hasta podría ofrecer una “Apariencia de la Comprensión” como fue Eliza de Weinzenbaum. (Abajo, Reel de Luis Jorquera, Eduardo Gutiérrez, Matías Sáez y Alonso Rozas, para la asignatura Comunicación Digital 2026 de Periodismo PUCV).
La tecnología, entonces, ya no puede pensarse como un simple añadido a la vida social, ya que incluso es parte de las economías de los países y usado como métrica para evaluar el desarrollo de estos. Es una condición estructural de nuestra experiencia cotidiana tanto personal como colectiva. La tecnología media nuestra percepción, organiza nuestras rutinas, redefine nuestras formas de leer, producir, recordar y compartir.
Por eso resulta sugerente el reciente esquema publicado por Lev Manovich, quien propuso una cartografía sintética de la construcción del conocimiento en la era digital. En su diagrama, Manovich plantea cuatro grandes paradigmas que hoy coexisten: los libros, la web, Wikipedia y la inteligencia artificial.

La propuesta es valiosa porque no presenta una secuencia lineal ni una sustitución total de un formato por otro. Al contrario: muestra un ecosistema de capas superpuestas. Este esquema, subido en su red social Linkedin es una síntesis de una larga epopeya de la historia humana como es el resolver cómo el conocimiento es almacenado y organizado.
Los libros representan la forma estructurada y estable del conocimiento; la web, es el despliegue masivo de lo no estructurado; Wikipedia, la consolidación colaborativa y estructurada de una base común; y la inteligencia artificial, la posibilidad de producir síntesis on demand a partir de materiales preexistentes. En torno a estos nodos aparecen, además, formatos intermedios y decisivos, como el hipertexto, las bases de datos y las wikis, que prepararon el terreno para los modelos actuales.
Lo más provocador del diagrama, sin embargo, es la pregunta que deja abierta: “¿Nueva síntesis?”. No se trata solo de una etiqueta sugerente, sino de una hipótesis cultural. ¿Estamos entrando en una etapa en la que el conocimiento ya no será únicamente archivado, enlazado o editado colectivamente, sino también resumido, reorganizado y conversado en tiempo real por sistemas de IA? Esa posibilidad parece cada vez más concreta. O quizá… ¿Manovich se referirá a la “Singularidad”?
“iaaaa… ¿Y la IA?”
Pero aquí aparece una tensión de fondo. Si la IA es capaz de resumir, traducir, clasificar y responder sobre enormes masas de información, ¿qué ocurre con plataformas como Wikipedia, cuyo valor ha residido precisamente en la construcción colectiva, verificable y pública del saber?
En ese escenario, la “nueva síntesis” de Manovich podría interpretarse de dos maneras. La primera, optimista, entiende la IA como una extensión de la inteligencia colectiva, concepto propuesto anteriormente por Levy: una capa capaz de volver más accesible, navegable y útil el conocimiento ya producido por comunidades, instituciones y autores. Y la segunda, más crítica, advierte que esa síntesis puede invisibilizar las fuentes, erosionar la autoría colectiva y debilitar los ecosistemas que hicieron posible ese conocimiento en primer lugar. Esto es similar a la reflexión que hemos trasladado referente al descontrol que puede tener la información: por un lado positiva bajo el parámetro de la libertad de expresión, pero negativa si es usada sin criterio como es la desinformación.
La imagen de Manovich tiene la virtud de recordarnos que ninguna tecnología nace sobre terreno vacío. La inteligencia artificial no emerge al margen de la historia del conocimiento digital: se alimenta de libros, de bases de datos, de hipertextos, de la web abierta y, de manera muy especial, de Wikipedia. Y tal como la IA se alimenta de contenido previo, la IA puede ser moldeada y, como tal, tener sesgos.
¿La inteligencia colectiva podría ser reemplazada? Es complicado decir que sí, considerando que siempre en la historia de la humanidad el conocimiento ha sido construido por nosotros mismos: quienes pensamos y razonamos. En tiempos de abundancia informativa, quizá la tarea más urgente no sea producir más contenido, sino defender las condiciones culturales, técnicas y éticas que permiten distinguir entre información, conocimiento y mera apariencia de verdad. Y, al igual como se trata de la deontología periodística, usar las herramientas, bases de datos y también en este caso la IA, con la mediación de nuestro razonamiento.






